I
Para poderte hablar
así, de frente,
tuve que echarme toda una vida
a llorar sobre tus huesos.
Tuve que desandar lo caminado
desnudando la piel de mi conciencia.
Para poderte hablar
tuve que volver a llenarme de aire
los pulmones.
Y cuidar que no se me encogieran las palabras,
el corazón, los ojos,
porque aún se me deshacen de agua
si te nombro.
Ya me creció la voz. padre, patriarca,
viejo de barba azul y ojos de plomo.
Ya te puedo contar lo que ha pasado
desde que te fuiste.
Con tu muerte se quebrantaron todos los cimientos.
No me atreví a buscar
porque no habría
un roble con tu sombra y tu medida
que me cubriera de la llaga de sol en mi verano.
Uní la sangre que me diste a otra sangre.
Malherida,
borré la sombra del sexo entre los hombres
y me quedé vacía, a la intemperie.
Y no pude decir
hasta que se hizo carne de mi carne el amor
lo que era hallar la propia sombra, entregándose.
Después quise ubicarte en mí, te pesé,
te ultrajé, te lloré, medí tus actos,
di vuelta atrás,
y volví a caminar lo desandado.
Por eso puedo hablarte ahora, así,
porque entendí tu medida de gigante.
II
No podemos hacer nada con un muerto, padre.
Se suda sangre,
se retuerce el aullido tirado sobre las tumbas
en un charco de culpa.
Padre,
yo soy Pedro y Santiago,
el sable que doblado de sueño castró su espíritu
en tu oración del huerto.
Yo soy el viscoso miedo de Pedro que se escurrió
en la sombra a la hora de tus merecimientos.
Soy el martillo cayendo sobre tus clavos,
el aire que no asistió al pulmón en agonía.
Soy la que no compartió
el dolor anticipado que se enclaustró
a devorar su miedo,
la hendidura irresponsable,
la desbandada de apóstoles.
Soy este pozo de noche en que se hunde la conciencia.
Di, ¿qué se hace con un muerto, padre?
Di, ¿cómo lavo estas llagas
si todo queda inscrito en el tiempo
y todo tiempo es memoria?
III
Colgábamos de ti
como del racimo la uva.
Cuando la muerte
reblandeció el cogollo de tu fuerza,
presentimos el vértigo de altura y la caída.
Uno a uno,
en relación directa a la pesantez de tu esencia,
descendimos.
Bajo anónimas pisadas me vi saltar la pulpa,
sorprendida.
Y no era orgía de vendimia
ni enervación de culto.
Fue ser la sangre a la sed de todos los caminos,
dejar la piel desprendida
entre un enjambre de alambradas.
Ahora,
para afirmar la talla
con que tu amor me hizo
sólo queda una espina:
la palabra.
IV
Perdón, hermanos,
porque no alcanzo a verlos
ahogada como estoy en mi hoyo
de pequeñas miserias.
¡Mentira que deseo morir!
Antes quisiera conocerlos
sin mi lente deforme.
Quizá los amaría tanto
o más de lo que estoy amando
a mi lastre de lágrimas
en este viaje de niebla.
V
Padre,
no puedo amar a nadie.
A nada que no sea este fuego
de sucia conmiseración
en que se consume mi lengua.
Quiero otro aire.
Otro paisaje que no sean los muros de mi cuerpo.
Emparedada, desconozco el resplandor del centro
y la desnudez de la periferia.
Voy a abrir brecha hacia los dos caminos
y quizá quede atrás
la trampa de la vieja noria.
📖Reseña y Análisis Literario
El poema 'Retorno de Electra' de Enriqueta Ochoa es una profunda elegía sobre el duelo, la identidad y la reconciliación con la figura paterna. A través de un monólogo lírico cargado de intensidad, la autora revisita el mito griego para explorar la psique de una hija que se enfrenta al vacío dejado por la muerte del patriarca. La obra articula un proceso de maduración emocional donde el dolor no es solo una pérdida, sino una catarsis que obliga a la hablante a despojarse de sus miedos, culpas y percepciones distorsionadas. La voz poética transita desde una dependencia asfixiante hacia una búsqueda de autonomía, cuestionando la herencia espiritual y los límites del amor filial. Los temas centrales incluyen la angustia existencial, la responsabilidad ante el legado familiar y la lucha por trascender el encierro emocional —representado por los 'muros del cuerpo'— para alcanzar una forma de liberación personal. La atmósfera es densa y confesional, evocando emociones de melancolía, arrepentimiento y una urgencia visceral por redescubrir la propia identidad fuera de la sombra dominante del padre, simbolizando el arduo camino de la autoconciencia y la reconstrucción del ser tras el colapso del mundo conocido.
🏛️Contexto Histórico
Enriqueta Ochoa, figura fundamental de la literatura mexicana del siglo XX, escribió esta obra enmarcada en una etapa de introspección profunda. La mención a 'Electra' sugiere una relectura del mito clásico desde una perspectiva existencialista y feminista, donde la autora vuelca su compleja relación con la figura paterna y la autoridad, elementos recurrentes en su poesía marcada por el misticismo, la soledad y una honestidad brutal sobre la condición humana y el papel de la mujer en estructuras patriarcales.
✍️Figuras Literarias y Métrica
El poema emplea versos libres que permiten un ritmo introspectivo. Entre las figuras destacan: la metáfora ('y me quedé vacía, a la intemperie'; 'los muros de mi cuerpo') para representar el estado anímico; la personificación y el símbolo ('barba azul y ojos de plomo' para denotar autoridad pétrea); y la alusión constante a figuras bíblicas (Pedro, Santiago, el huerto de Getsemaní) para reforzar la sensación de culpa y traición. La hipérbole se utiliza para amplificar el sentimiento de duelo, mientras que la reiteración y el uso constante de la primera persona crean una sensación de confesión íntima y directa.