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La droga

La más inofensiva, la más sana, la que nunca produjo salpullido a nadie; la que hasta ahora que yo sepa a nadie le ha pasmado la alegría; la pájara, la pajarita que nos hizo volar sin ser aviones; la que a mansalva nos hizo sudar miel, quedar absortos hasta sacar en conclusión que el mundo lo teníamos cogido como a una lagartija por el rabo. Ese licor, o si usted lo prefiere esa licora que nos hizo espumear sin ser cerveza, que nos hizo calor en pleno frío. La rica, la pura gozadera que no daba adicción ni efecto de rebote ni sueño dependencia y así todo al respecto. La bizca, la bizcacha, la tuerta, la tuertacha que nos hacía ver todo bonito y de colores Esa descabellada primavera, ese frescor sin nombre, ese aroma sin cara, esa borracha borrachera que nos exacerbaba el apetito para que devoráramos las fechas y las calles. Esa droga, ese placebo que no era cocaína, ni peyote, ni crak, ni L.S.D. ni marihuana; esa droga que en nada coincidía con un ave y sin embargo era más ave que las aves. Esa destartalada, esa chúcara fruta que nos hacía sufrir delirios de grandeza, alucinaciones, vahídos y sin embargo teníamos Más salud que los toros. Esa recontramuerta, esa enterrada viva droga de la juventud.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'La droga', Euler Granda construye una oda elegíaca a un estupefaciente metafórico: la juventud. A través de un lenguaje coloquial, irónico y profundamente sensorial, el autor contrapone la experiencia de vivir con intensidad frente a la frialdad de la madurez. La droga, aquí, no es una sustancia química, sino una fuerza vital, una 'primavera descabellada' que otorgaba al sujeto poético la sensación de omnipotencia, el placer de la despreocupación y la capacidad de transformar la realidad en un escenario de colores vibrantes. Granda logra evocar una melancolía luminosa; el lector no siente la tragedia de la pérdida de una sustancia, sino el dolor punzante de haber dejado atrás aquel estado de gracia donde el mundo se percibía maleable y eterno. La obra es un ejercicio de memoria emotiva que utiliza la desmitificación de las drogas duras para resaltar que no hay vicio más embriagador, ni alucinación más potente, que el ímpetu de los años tempranos. El poema transita entre el asombro y la resignación, dejando un poso de nostalgia pura al final, al identificar esa 'droga' como algo 'enterrado vivo', señalando que la juventud es, en última instancia, una experiencia irrepetible y finita que nos deja, como única secuela, el recuerdo de una vitalidad hoy inalcanzable.

🏛️Contexto Histórico

Euler Granda (1935-2018) fue una figura central de la literatura ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XX. Su obra se enmarca en la transición de la vanguardia hacia una poesía conversacional y profundamente humana. El poema refleja la sensibilidad de una generación que vivió las tensiones sociales de los años 60 y 70 en América Latina, un periodo caracterizado por la experimentación vitalista, la crítica a las convenciones sociales y la búsqueda de libertad individual frente a los cánones morales de la época.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza un estilo libre, sin una métrica rígida, lo que le otorga un ritmo fluido y conversacional. Entre las figuras predominantes destacan: 1. Metáfora continuada: el concepto de 'droga' como sinónimo de juventud. 2. Anáfora: el uso constante del pronombre demostrativo 'Esa' o 'La' para enfatizar la presencia del recuerdo. 3. Antítesis: el contraste entre los efectos físicos negativos atribuidos a las drogas y la salud física radiante ('teníamos más salud que los toros'). 4. Neologismos y derivaciones: términos como 'licora', 'pajarita' o 'tuertacha' enriquecen el léxico y aportan un tono juguetón, íntimo y profundamente original al discurso lírico.

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