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ARCÁNGEL DE PEREZA

Un arcángel me ronda indiferente, oigo sus alas cerca de mi aliento; un arcángel me ronda, yo lo siento con el peso del aire por mi frente. El me enseñó a decir "inútilmente" y a darle los propósitos al viento; su espada, del metal del desaliento se hundió en mi voluntad desobediente. Arcángel rondador de la desgana, que se lleva el dolor que no me tomo para traerlo el día de mañana... Sujetas van las penas por las bridas, enjaezadas, dolientes, nobles, como las mulas al final de las corridas. Sólo la ociosidad es mi tarea. Las morunas naranjas, gajo a gajo, vierten su antiguo zumo, y en el tajo se ha vuelto perezosa la pelea. Si esto es vivir, que venga Dios y vea cómo ando con la vida cuesta abajo... Que cuesta estar de pie mucho trabajo para después marcharse adonde sea. El naufragio que llevo entre las sienes, que es verdad que no cabe en cualquier río, me trae a mal traer... Y aquí me tienes contándole una historia a los desiertos, machacando la vida en hierro frío, hablando de la muerte con los muertos. Lo sabe el corazón. Que no se diga que el corazón no sabe lo que tiene. Sobre su propia muerte se sostiene pero la sangre a veces se fatiga. Cansado y todo dice Dios que siga habitando el vacío, que se llene de noches y de nada... Mientras viene uno se echa a dormir. Pereza obliga. Con la genealogía de los trinos cantando está la antigua voz del arte a la insegura sombra de la suerte, la memoria se llena de caminos pero no llegaré a ninguna parte con este corazón de mala muerte.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Arcángel de pereza', Manuel Alcántara despliega una poética de la abulia y la resignación existencial que se aleja de la angustia desaforada para abrazar una melancolía serena, casi costumbrista. El poema se construye como una elegía a la inacción, donde el arcángel no es un mensajero divino, sino una alegoría de la desgana que paraliza la voluntad del sujeto lírico. A través de una introspección lúcida, el autor nos enfrenta a la vaciedad de la experiencia humana, convirtiendo la ociosidad no en un vicio, sino en un destino inevitable ante la fatiga de vivir. La atmósfera es de un crepúsculo íntimo; las imágenes del zumo de naranja o las mulas tras la corrida evocan una decadencia que se acepta con estoicismo. El poema explora el desencanto como una forma de conocimiento, donde el sujeto lírico, consciente de su finitud y de la inutilidad de sus afanes, se retira a la contemplación del vacío. La emoción predominante es un hastío elegante, una 'mala muerte' que se arrastra con dignidad, donde la conversación con los muertos y el desierto simboliza la soledad última del individuo frente al destino. La voz poética no clama, susurra su cansancio, elevando la pereza a la categoría de una tarea esencial, una forma de resistencia pasiva frente a un mundo que exige un movimiento que el alma ya no puede sostener.

🏛️Contexto Histórico

Manuel Alcántara (1928-2019) fue una de las voces más significativas de la lírica española de la segunda mitad del siglo XX. Vinculado generacionalmente a la posguerra, su obra transita entre el clasicismo formal y una modernidad contenida. Este poema refleja la sensibilidad de un autor que, tras el impacto de la posguerra, destila una visión escéptica y humanista de la existencia, propia de la literatura española de los años 60 y 70, donde el existencialismo se filtra a través de una lengua pulida y un tono confesional, alejado del compromiso político directo pero profundamente inmerso en la realidad del dolor humano.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema es un ejercicio de maestría técnica que emplea principalmente el soneto y otras formas estróficas de arte mayor con rima consonante. Destaca la personificación de la pereza como un 'arcángel', una metáfora sostenida que vertebra la desolación del yo lírico. Se observan antítesis potentes, como 'hablando de la muerte con los muertos', y símiles de gran plasticidad visual, como la comparación de las penas con 'las mulas al final de las corridas'. El uso del encabalgamiento dota al verso de una cadencia arrastrada, reforzando la idea de la pesadez y el cansancio. La aliteración y la recurrencia de fonemas oscuros refuerzan la atmósfera de desánimo, manteniendo siempre una métrica endecasilábica precisa que contrasta con la temática de la desidia.

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