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Mínimamente y esencial

Mínimamente y esencial, quería su hora de amor. Como Dios la suya de creación, como Luzbel la suya de maldad. Unica, que le configuraría, recién, definitivo. Terminar de hacerse, clausurar ese estar abierto, y arriesgado a cualquier final. Todavía inmaduro, todavía mera línea de puntos en proyecto, todavía con la indecisa sustancia del origen, con su boca y sus ojos sin timón de gustar, y sin imagen, su hora de amor. Actual, tardío ya, casi, necesitaba de esa clara razón contra su absurdo, ese color de: sí, para saberse, ese tono de sí, para escucharse, ese dolor de si, para sentirse. Más que a su sangre, en hondo ser y gesto, dentro y fuera de carne, precisaba inscribirse con su señal de hombre inextinguible en la memoria larga del transcurso. Desatado a total, alto y rebelde, cada molécula suya de sentido, cada aurora de anuncio y de presagio, eran su hambre y su sed, y eran su aliento de probarse latiendo en el espejo. Imprescindible, ningún paso a confín sería trazado, ni el sonido transmitiría su presencia, ni la caricia movería sus alas sobre la piel caliente, ni lograría sin ella, desprendido, el aroma maduro de verano; su hora de amor. Mínimamente y esencial, que unan agua y cántaro exacto. Anda implacable de negación, su barca encallada, inconmoviblemente. Porque si era suya, si con esa promesa lo empujaron a latir, a crecer y a perpetuarse. Si fue esa su primera visión indescifrada y, resignadamente, indescifrable. Si con esa luminaria lejana deslumbraron su pupila, todavía de pez. Si tras ella fue que adivino y hundió a vida hasta lucha y derrota, y hasta credos y puños, inservibles. Si en su alforja, sobre la crin caliente del chasquido, junto a pan de nutrir, fue él de mareo, el de estallido a muerte, sin morirse, y el amuleto breve, de gozar. Desde germen informe a exuberancia, todo en él era selva, ya impaciente de fieras y de nidos, y de garras y cantos, y de muertes. Se sentía, rudo atleta de cumbres, engañado, en un tren de juguete, y seducido con un cuento de hadas, increíble. Lima viva gastando su costado, polvo propio mordiéndole la boca, y asfixiado su grito, como un ave, aterida y sepulta bajo miedos. Todavía inconcluso y ya en regreso, su calculado declinar previsto, en el total derrumbamiento grande. Epicentro y montaña sacudida, tierra roja de cráteres, inescrutable corazón del fuego, su estallada, fundamental angustia, voz de volcán y llanto, que le cumplan. Trunco mástil sin ala, paso ciego de andar inencontrado, y un borroso contorno ese paisaje, vano de hombres, panorama de pájaros Y piedras, y de árboles muertos, y su tumba. Densa atmósfera inerte, dibujada, de impotencias y añicos. Tentativa de asir, y la imposible elusión de presencias permanentes, tenaces, como guardias. Híbrida estancia, carne, sueño, mortajas, apetitos, hora nutrida a saciedad y hartazgo, y todavía, sin conducta de muerte bajo el beso, y sin labios, sin dientes sin saliva, sin la azarosa alternativa; luces, sombra y luces, y sombra, y luz de nuevo. Única suya de clamor, la hora no de gulas ni triunfos, no del arca, ni el mando, no el poder, no la gloria. Imperioso, piramidal y ya sobre el bramido, su exigencia de pie, jugado a todo, todo a cambio, memorias y futuro, y su grito: que deshaga, derrumbe y desmenuce, la fantasmal hechicería de mundos, y que borre y apague, asfixie y muera, la esotérica alquimia de cerebro, y disperse a preantes, rancio caos de orden, y libere ese enclaustrado ser, de hacer en hombre en la sola, omnipotente hasta deidad y única, hora de amor, su hora.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Mínimamente y esencial', Matilde Alba Swann articula una profunda meditación sobre la ontología del deseo como fuerza configuradora del sujeto. El poema se estructura como una búsqueda incesante de la identidad, donde el amor se presenta no como un sentimiento romántico convencional, sino como una categoría existencial imprescindible que permite al individuo pasar de la 'inmadura' potencialidad a la definición definitiva del ser. La voz lírica transita desde una arquitectura de puntos inconclusos hacia una toma de conciencia agónica, donde la ausencia de esta 'hora' de amor se vive como una fragmentación física y espiritual. El sujeto poético se siente arrojado a un mundo inhóspito, un escenario de 'árboles muertos' y 'tumbas' donde la carencia de ese anclaje afectivo desnaturaliza su humanidad. Es una obra que explora la tensión entre el caos interno y la necesidad de orden, culminando en un reclamo casi metafísico: la exigencia de que el amor destruya las estructuras mentales falsas para liberar al ser humano hacia su esencia más pura. La emoción evocada es una mezcla de angustia existencial, urgencia vital y un profundo fatalismo romántico, donde el amor se erige como la única verdad capaz de conferirle un significado trascendente a la fugacidad de la existencia.

🏛️Contexto Histórico

Matilde Alba Swann fue una figura prominente de la literatura argentina del siglo XX. Este poema se inscribe en una corriente lírica marcada por el existencialismo posguerra, época en la que la poesía hispanoamericana profundizó en la crisis del sujeto y la soledad del individuo frente a una realidad que se percibía hostil o vacía. Su obra refleja la introspección propia de la vanguardia tardía, alejándose del lirismo decorativo para adoptar un tono grave y visceral, característico de los autores que buscaban en el lenguaje una herramienta de autoconocimiento y resistencia contra la disolución de la identidad.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza versolibrismo de ritmo quebrado y gran intensidad expresiva. Destacan las metáforas de carácter ontológico como la 'mera línea de puntos en proyecto' (la inmadurez) y 'pupila todavía de pez' (la visión primitiva). El uso de la anáfora y la enumeración caótica refuerza la angustia existencial y el desbordamiento emocional. Es notable el empleo de la sinestesia y de oxímoros que subrayan la dualidad entre 'luz y sombra', 'carne y sueño'. La adjetivación es técnica y precisa ('rudo atleta de cumbres', 'piramidal'), alejándose de lo ornamental para construir imágenes de arquitectura interna. El ritmo se acelera mediante encabalgamientos frecuentes que trasladan al lector la sensación de urgencia y desasosiego del hablante lírico.

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