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INTRODUCCIÓN

Milagros de Nuestra Señora - versos 1 a 184 Amigos e vassallos de Dios omnipotent, si vos me escuchássedes por vuestro consiment, querríavos contar un buen aveniment: terrédeslo en cabo por bueno verament. Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado, yendo en romería caeçí en un prado, verde e bien sençido, de flores bien poblado, logar cobdiçiaduero pora omne cansado. Davan olor sovejo las flores bien olientes, refrescavan en omne las [carnes] e las mientes, manavan cada canto fuentes claras corrientes, en verano bien frías, en ivierno calientes. Avién y grand abondo de buenas arboledas, milgranos e figueras, peros e mazanedas, e muchas otras fructas de diversas monedas, mas no avié ningunas podridas [nin] azedas. La verdura del prado, la odor de las flores, las sombras de los árbores de temprados savores, refrescáronme todo e perdí los sudores: podrié vevir el omne con aquellos olores. Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso, nin sombra tan temprada, [nin] olor tan sabroso: descargué mi ropiella por yazer más viçioso, poséme a la sombra de un árbor fermoso. Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados, odí sonos de aves dulces e modulados: nunqua udieron omnes órganos más temprados, nin que formar pudiessen sones más acordados. Unas tenién la quinta e las otras doblavan, otras tenién el punto, errar no las dexavan: al posar [e] al mover, todas se esperavan, aves torpes nin roncas ý non se acostavan. Non serié organista nin serié vïolero, nin giga nin salterio nin mano de rotero, nin estrument nin lengua nin tan claro vocero cuyo canto valiesse con esto un dinero. Peroque [nos] dissiemos todas estas bondades, non contamos las diezmas, esto bien lo creades: que avié de noblezas tantas diversidades que no las contarien priores [nin] abbades. El prado que vos digo avié otra bondat: por calor nin por frío non perdié su beltat, siempre estava verde en su entegredat, non [perdié] la verdura por nulla tempestat. Manamano que fui en tierra acostado, de todo el lazerio fui luego folgado; oblidé toda cuita, [e] lazerio passado: ¡Qui allí se morasse serié bienventurado! Los omnes e las aves, quantos acaecién, levavan de las flores quantas levar querién, mas mengua en el prado ninguna non façién: por una que levavan tres e quatro nacién. Semeja esti prado egual de Paraíso, en qui Dios tan grand graçia, tan grand bendiçión miso; él que crió tal cosa maestro fue anviso: omne que ý morasse nunqua perdrié el viso. El fructo de los árbores era dulz e sabrido, si don Adam oviesse de tal fructo comido, de tan mala manera non serié decibido, nin tomarién tal danno Eva [nin] so marido. Sennores e amigos, lo que dicho avemos palavra es oscura, esponerla queremos: tolgamos la corteza, al meollo entremos, prendamos lo de dentro, lo de fuera dessemos. Todos quantos vevimos, que en piedes andamos, siquiere en [presión] o en lecho yagamos, todos somos romeos que camino [pasamos], San Peidro lo diz esto, por él vos lo provamos. Quanto aquí vivimos en ageno moramos; la ficança durable suso la esperamos; la nuestra romería estonz la acabamos, quando a Paraíso las almas envïamos. En esta romería avemos un buen prado en qui trova repaire tot romeo cansado, la Virgin Glorïosa, madre del buen Criado, del qual otro ninguno egual non fue trobado. Esti prado fue siempre verde en onestat, ca nunca hobo mácula la su virginidat, post partum et in partu fue virgin de verdat, illesa, incorrupta en su entegredat. Las quatro fuentes claras que del prado manavan, los quatro evangelios, esso significavan, ca los evangelistas quatro que los dictavan, quando los escrivién, con ella se fablavan. Quanto escrivién ellos, ella lo emendava, esso era bien firme lo que ella laudava; parece que el riego todo d'ella manava quando a menos d'ella nada non se guiava. La sombra de los árbores, buena, dulz e sanía, en qui ave repaire toda la romería, sí son las oraciones que fas Santa María que por los peccadores ruega noch e día. Quantos que son en mundo, justos e peccadores, coronados e legos, reys e emperadores, allí corremos todos, vassallos e sennores, todos a la su sombra imos coger las flores. Los árbores que facen sombra dulz e donosa son los santos miraclos que faz la Glorïosa, ca son mucho más dulzes que azúcar sabrosa, la que dan al enfermo en la cuita raviosa. Las aves que organan entre essos fructales, que han las dulzes vozes, dizen cantos leales, estos son Agustino, Gregorio, otros tales, [quantos] que escrivieron los sos fechos reales. Estos avién con ella amor e atenencia, en laudar los sos fechos metién toda femencia; todos fablavan d'ella, cascuno su sentencia, pero tenién por todo todos una creencia. El rosennor que canta por fin maestría, siquiere la calandria que faz grand melodía, mucho cantó mejor el barón Isaía e los otros prophetas, onrrada compannía. Cantaron los apóstolos muedo muy natural, confessores e mártires [facién otro] tal; las vírgenes siguieron la gran Madre caudal, cantan delante d'ella canto bien festival. Por todas las eglesias, esto es cada día, cantan laudes ant ella toda la clerecía: todos li façen cort a la Virgo María; estos son rossennoles de gran placentería. Tornemos ennas flores que componen el prado, que lo façen fermoso, apuesto e temprado; las flores son los nomnes que li da el dictado a la Virgo María, madre del buen Criado. La benedicta Virgen es estrella clamada, estrella de los mares, guïona deseada, es de los marineros en las cuitas guardada, ca quando éssa veden es la nave guiada. Es clamada, y éslo de los cielos, reína, tiemplo de Jesu Christo, estrella matutina, sennora natural, pïadosa vezina, de cuerpos e de almas salud e medicina. Ella es vellocino que fue de Gedeón, en qui vino la pluvia, una grand vissïón; ella es dicha fonda de David el varón con la qual confondió al gigant tan fellon. Ella es dicha fuent de qui todos bevemos, ella nos dio el cevo de qui todos comemos; ella es dicha puerto a qui todos corremos, e puerta por la qual entrada atendemos. Ella es dicha puerta en sí bien encerrada, pora nos es abierta pora darnos la entrada; ella es la palomba de fiel bien esmerada, en qui non cae ira, siempre está pagada. Ella con grand derecho es clamada Sïon, ca es nuestra talaya, nuestra defensïón: ella es dicha trono del reï Salomón, reï de grand justicia, sabio por mirazón. Non es nomne ninguno que bien derecho venga que en alguna guisa a ella non avenga; non ha tal que raíz en ella no la tenga, nin Sancho nin Domingo, nin Sancha nin Domenga. Es dicha vid, es uva, almendra, malgranada, que de granos de graçia está toda calcada, oliva, cedro, bálssamo, palma bien ajumada, piértega en que sovo la serpiente alzada. El fust que Moïsés enna mano portava que confondió los sabios que Faraón preciava, el que abrió los mares e depués los cerrava, si non a la Gloriosa ál non significava. Si metiéremos mientes en ell otro bastón que partió la contienda que fue por Aarón, ál non significava, como diz la lectión, si non a la Gloriosa, esto bien con razón. Sennores e amigos, en vano contendemos, entramos en grand pozo, fondo no'l trovaremos; más serién los sus nomnes que nos d'ella leemos que las flores del campo, del más grand que savemos. Desuso lo dissiemos que eran los fructales en qui facién las aves los cantos generales, los sus sanctos miraclos, grandes e principales, los quales organamos ennas fiestas caubdales. Quiero dexar con tanto las aves cantadores, las sombras e las aguas, las devantdichas flores; quiero d'estos fructales tan plenos de dulzores fer unos pocos viessos, amigos e sennores. Quiero en estos árbores un ratiello sobir e de los sos miraclos algunos escrivir; la Gloriosa me guíe que lo pueda complir, ca yo non me trevría en ello a venir. Terrélo por miráculo que lo faz la Gloriosa si guiarme quisiere a mí en esta cosa; Madre, plena de gracia, reína poderosa, tú me guía en ello, ca eres piadosa.

📖Reseña y Análisis Literario

En esta 'Introducción' a los 'Milagros de Nuestra Señora', Gonzalo de Berceo establece un umbral simbólico entre lo terrenal y lo divino. A través de la alegoría del prado ameno, el autor utiliza un 'locus amoenus' —un espacio natural perfecto, fértil y eterno— como metáfora de la Virgen María. Berceo, presentándose como un humilde romero cansado que busca refugio, invita al lector a trascender la 'corteza' de la narración para alcanzar el 'meollo' espiritual. El poema no solo elogia la perfección de la Virgen, sino que actúa como una guía teológica donde cada elemento del prado (las fuentes, las aves, los árboles) se transforma en una representación de la salvación, los evangelistas, los santos y los milagros. La emoción central es la devoción mariana, impregnada de una confianza casi física en la intercesión de María como puerto de salvación para el pecador. La maestría del poeta reside en su capacidad de transformar la experiencia del viaje físico en una introspección mística, donde el goce sensorial de la naturaleza sirve de espejo para la belleza incorruptible de la Madre de Dios, ofreciendo al fiel una promesa de descanso y amparo frente a las vicisitudes de la vida terrenal.

🏛️Contexto Histórico

Gonzalo de Berceo, clérigo secular vinculado al monasterio de San Millán de la Cogolla, es el máximo representante del Mester de Clerecía en el siglo XIII. Su obra se enmarca en un contexto de fervor religioso y renovación de la espiritualidad popular. La motivación de esta obra no es puramente estética, sino didáctica y propagandística: buscaba acercar los milagros marianos a una audiencia de peregrinos y laicos, dignificando la lengua castellana frente al latín, al tiempo que fortalecía la devoción hacia la Virgen como figura central de la piedad cristiana medieval.

✍️Figuras Literarias y Métrica

Berceo emplea el 'cuaderna vía' (tetrástrofo monorrimo), caracterizado por cuatro versos alejandrinos de catorce sílabas con una cesura central y rima consonante uniforme (AAAA). En cuanto a recursos, destaca la alegoría sostenida del 'prado ameno', donde la naturaleza es una transposición simbólica de las virtudes marianas. Utiliza abundantes enumeraciones (listas de frutas, flores y nombres de la Virgen) para enfatizar la abundancia divina. Además, emplea el 'exordio captatio benevolentiae' al inicio, apelando a la atención de sus oyentes. El uso de símbolos bíblicos (la vara de Aarón, el vellocino de Gedeón, la puerta cerrada) conecta la tradición veterotestamentaria con la figura de María, elevando el tono del discurso mediante una retórica sencilla pero profundamente erudita.

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