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Ciudad bajo la lluvia

Mira cómo, desde este exilio de cemento, se extiende la ciudad, a nuestras plantas. De aquí partían los mercaderes rumbo a España. Mira el humo en aquellas azoteas, el resplandor del sol en los tinacos, aquellas sucias fábricas a plomo. Mira el papel que cae desde un alto edificio: pájaro que ablandara sus alas. Encabritadas garras afilando, águilas junto al cielo se desploman. En este oscuro cuarto un pedazo de historia se fabrica; en aquel otro, un hombre sueña con mujer pero en su lecho sólo la luna abraza sus muslos y torso. Huele la lluvia. Mira cómo de la tierra asciende ese pesado olor del protoplasma. Mira caer cenizas, polvos y desgracias. Mira cómo las lluvias onstruyeron los albañales de los aledaños. Mira cómo la lluvia cae sobre los pájaros y cómo los hombres, trapos sacudidos, oscilan por una ráfaga de viento, a la luz de ese único relámpago. Su rostro es una bronca blasfemia. Mira cómo el cielo resplandece en mitad de la noche, cómo las estrellas se desgañitan de luz. Mira cómo esta mugre tierra estalla y trastorna su sol que la corteja y corre luego entre pezuñas de asnos. Vé como abandona la tierra estos lugares dejando a ciertos hombres sin su antípoda, colgados de sus dientes, al vacío. Y el cielo desploma u ceniza, la facilidad de la muerte. Es la ciudad de México, que anuncia su verano

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Ciudad bajo la lluvia', Jaime Labastida despliega una visión descarnada y profundamente urbana de la metrópoli. El poema funciona como un ejercicio de observación casi documental, donde el yo lírico invita al lector a contemplar el deterioro, la decadencia y el exilio existencial que representa el entorno citadino. La urbe no es un espacio de acogida, sino un 'exilio de cemento' donde la historia se fragmenta en la cotidianidad de fábricas y soledades. Temas como la alienación, el peso de la historia y la fragilidad humana se entrelazan con una atmósfera apocalíptica; la lluvia no limpia, sino que acentúa la miseria y los albañales, convirtiéndose en un agente que revela la precariedad de la existencia. La figura del habitante, reducido a un 'trapo sacudido', subraya la impotencia del individuo ante la inmensidad de un entorno hostil. Es, en esencia, una elegía a la Ciudad de México, donde el autor logra capturar la tensión entre la belleza trágica del relámpago y la sordidez del pavimento, evocando una profunda desolación teñida de una resignación existencialista ante la inminencia de la muerte y el abandono de la tierra.

🏛️Contexto Histórico

Jaime Labastida, figura central de la cultura mexicana contemporánea y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, articula en este poema la desilusión ante el crecimiento desmedido y la deshumanización de la Ciudad de México en la segunda mitad del siglo XX. El texto refleja el desencanto de una generación que observó la metamorfosis de la capital, marcada por la industrialización, la migración masiva y la crisis de los espacios públicos, transformando el paisaje urbano en un escenario de asfixia metafísica y social.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se construye bajo el verso libre, prescindiendo de una métrica rígida para favorecer la fluidez del discurso. Destaca el uso constante de la anáfora y la exhortación ('Mira cómo', 'Mira') que actúa como un eje organizador de la mirada. Se emplean metáforas potentes, como el papel que cae descrito como un 'pájaro que ablandara sus alas' o el hombre visto como 'trapos sacudidos', logrando una cosificación del ser humano ante la adversidad. La imagen de la 'bronca blasfemia' y el 'olor del protoplasma' refuerzan un lenguaje sensorial y visceral. Asimismo, el autor utiliza la personificación del cielo y las estrellas para enfatizar la magnitud dramática del entorno sobre el individuo.

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