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EL ALMA ACORAZADA

Que me traspasen dardos: no habré de defenderme; que me hiera cruel total indiferencia; que los rostros, impávidos, al no reconocerme pasen sin advertir siquiera mi presencia. Que el desamor se infiltre mientras el amor duerme y que a la tolerancia azuce la pendencia; que egoísmo y envidia me descubran inerme y aun sin defensor me llegue la sentencia. Mas quiero hoy declarar, Señor, que no fui mala pese a haber cometido dolorosos errores; nunca me envanecí y jamás hice gala de lo que tal vez tuve, al pasar de mis días, pues mujer, también madre, sé de santos amores que acorazan el alma contra las villanías.