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A DON PORFIRIO VÁSQUEZ

¡Criollo, no: ¡Criollazo! Canta en el tono que rasques. Le llaman ?El Amigazo?, Su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ! Escúcheme, por favor, escúcheme aunque no quiera: cómo canta marinera, yo lo creo un trovador. Soy su fiel admirador, lo oí y le di un abrazo; donde él fui pasito a paso por sentir su melodía. Le digo, desde ese día ¡criollo, no: ¡Criollazo...! Es el adjetivo justo que merece un decimista, zapateador, jaranista, compositor de buen gusto. Perdóname si te asusto pero por Dios, no me atasques, que aunque la lengua me masques repetiré que es tan ducho que sin esforzarse mucho canta en el tono que rasques. Riqueza debía tener mas Dios le dará otro premio, pues por su alma de bohemio como si fuera un deber, gozó más con proteger al que le tendió su brazo. Hoy comentan este caso los que de él han recibido, y en un geto agradecido le llaman ?El Amigazo?. Cuando le llegue el momento... ?y esto no es un mal presagio?, como póstumo sufragio le haremos un monumento. Ruego al que grabe el cemento que con buen cincel recalque y en un ángulo le marque, donde la piedra resista, para que por siempre exista su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ!

📖Reseña y Análisis Literario

Nicomedes Santa Cruz, figura capital de la poesía afroperuana, nos entrega en este poema un homenaje vibrante y entrañable a Porfirio Vásquez, patriarca de la música criolla. El texto trasciende la mera dedicatoria para convertirse en una apología de la identidad cultural del Perú. A través de la exaltación de la bohemia, el talento interpretativo y la nobleza de espíritu del homenajeado, el autor articula un retrato lírico donde la autenticidad es el valor supremo. El uso del término 'Criollazo' opera como una categoría estética que eleva a Vásquez a la altura de un arquetipo popular. La estructura emocional del poema transita desde la admiración festiva hasta una reflexión estoica sobre la mortalidad y el legado, utilizando la figura del artista como un pilar fundamental de la memoria colectiva. Santa Cruz logra dotar al poema de un carácter oral y rítmico que emula el propio ambiente de la jarana, logrando que el lector sienta la calidez y el respeto que el autor profesa por su mentor. Es, en esencia, una pieza de gratitud artística donde se celebra la generosidad y el maestrazgo, consolidando la inmortalidad del artista a través de la palabra escrita y la conciencia de su pueblo.

🏛️Contexto Histórico

Nicomedes Santa Cruz (1925-1992) fue un incansable rescatista de la herencia afroperuana. Porfirio Vásquez (1902-1971), a quien dedica estos versos, es considerado el 'Patriarca de la Música Negra' en el Perú. Esta obra se sitúa en la segunda mitad del siglo XX, periodo en el cual los intelectuales de la época buscaban formalizar y dignificar la cultura popular urbana y afrodescendiente, integrándola al canon literario y musical nacional frente a la creciente hegemonía de otras vertientes culturales.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se construye mayoritariamente mediante el uso de la espinela o décima, estrofa característica de la tradición hispana adaptada magistralmente por Santa Cruz. En cuanto a las figuras estilísticas, destaca la hipérbole en expresiones como 'por Dios, no me atasques', que enfatiza la vehemencia del autor, y el epíteto al calificarlo de 'criollazo'. Se emplea la antítesis entre la pobreza material ('Riqueza debía tener') y la riqueza espiritual ('otro premio'). El uso del apóstrofe al dirigirse directamente a Vásquez crea una sensación de intimidad. La métrica es octosilábica, con una rima consonante rigurosa que confiere al poema una musicalidad natural, propia del género de la jarana criolla.

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