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GLOSA A LO DIVINO

Por toda la hermosura nunca yo me perderé, sino por un no sé qué que se alcança por ventura. I Sabor de bien que es finito lo más que puede llegar es cansar el apetito y estragar el paladar y assí por toda dulçura nunca yo me perderé sino por un no sé qué que se halla por ventura. II El coraçón generoso nunca cura de parar donde se puede passar sino en más difficultoso nada le causa hartura y sube tanto su fee que gusta de un no sé qué que se halla por ventura. III El que de amor adolesce de el divino ser tocado tiene el gusto tan trocado que a los gustos desfallece como el que con calentura fastidia el manjar que ve y apetece un no sé qué que se halla por ventura. IV No os maravilléis de aquesto que el gusto se quede tal porque es la causa del mal ajena de todo el resto y assí toda criatura enajenada se vee y gusta de un no sé qué que se halla por ventura. V Que estando la voluntad de divinidad tocada no puede quedar pagada sino con divinidad mas, por ser tal su hermosura que sólo se vee por fee, gústala en un no sé qué que se halla por ventura. VI Pues, de tal enamorado dezidme si abréis dolor pues que no tiene sabor entre todo lo criado solo sin forma y figura sin hallar arrimo y pie gustando allá un no sé qué que se halla por ventura. VII No penséis que el interior que es de mucha más valía halla gozo y alegría en lo que acá da sabor mas sobre toda hermosura y lo que es y será y fue gusta de allá un no sé qué que se halla por ventura. VIII Más emplea su cuydado quien se quiere aventajar en lo que está por ganar que en lo que tiene ganado y assí, para más altura yo siempre me inclinaré sobre todo a un no sé qué que se halla por ventura. IX Por lo que por el sentido puede acá comprehenderse y todo lo que entenderse aunque sea muy subido ni por gracia y hermosura yo nunca me perderé sino por un no sé qué que se halla por ventura.

📖Reseña y Análisis Literario

En esta 'Glosa a lo divino', San Juan de la Cruz articula la esencia de su mística a través del concepto del 'no sé qué', una apofatismo que trasciende la lógica del lenguaje para señalar la inefabilidad de la unión con la divinidad. El poema establece una dicotomía dialéctica entre el deseo finito, ligado a los placeres sensoriales y terrenales que finalmente hastían el espíritu, y el anhelo infinito, cuya satisfacción solo es posible en el encuentro con lo absoluto. El sujeto lírico manifiesta un desdén hacia las bellezas creadas, no por un rechazo nihilista, sino por la superioridad ontológica de la experiencia espiritual. La emoción predominante es una especie de 'enfermedad de amor' —dolor divino—, donde el alma, al ser tocada por lo trascendente, pierde el apetito por lo tangible. La estructura de glosa permite al autor expandir una sentencia inicial, convirtiéndola en un tratado pedagógico sobre el desasimiento. Así, la obra se revela como una meditación profunda sobre la insaciabilidad del deseo humano, el cual, una vez que intuye la luz divina, es incapaz de encontrar reposo en los bienes mundanos, orientándose permanentemente hacia esa incógnita venturosa que constituye el misterio de la fe.

🏛️Contexto Histórico

Escrita en el siglo XVI durante el apogeo del Siglo de Oro español, esta obra se enmarca en la mística carmelita. San Juan de la Cruz, figura central de la Reforma de la Orden del Carmelo junto a Santa Teresa de Jesús, compuso sus versos en un periodo donde la poesía era el vehículo idóneo para expresar la 'noche oscura' del alma. Su labor literaria nace del fervor religioso y de una formación humanista profunda, buscando trasladar la teología escolástica a una lírica límpida y simbólica, accesible tanto para la meditación contemplativa como para el canon literario renacentista.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se estructura en redondillas (estrofas de cuatro versos octosílabos con rima consonante abba). El recurso principal es la 'anadiplosis' o encadenamiento, presente en el estribillo que se repite y varía ligeramente a lo largo de la pieza, subrayando el énfasis en el 'no sé qué'. Destaca el uso de la 'paradoja' (o contradicción aparente) al equiparar el amor divino con la 'calentura' o 'enfermedad', sugiriendo que la plenitud espiritual se experimenta como una carencia en el plano terrenal. La 'hipérbole' es constante al desestimar 'toda criatura' frente a la inmensidad de Dios, empleando un léxico ascético que combina términos de la experiencia sensible (paladar, sabor, manjar) con abstracciones metafísicas.

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