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Este sabor de lágrimas (32)

Alguna vez, de pronto, me despierto: Un dolor me recorre tenazmente, un dolor que está siempre, agazapado, por saltar, desde adentro. Entonces tengo miedo. Entonces, me doy cuenta que estoy sola frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo lleno de mis imágenes, de rostros polvorientos. Estoy sola, pero siempre estoy sola: Es lo único cierto. El amor era un huésped, la soledad es siempre el compañero que permanece al lado, inconmovible. Lo único seguro, verdadero. Oigo mi corazón, vieja campana que dobla y que golpea, que rebota en las sienes y en la nuca y en la boca y los dedos. Es cierto, tengo miedo. Miedo de no poder gritar, de pronto, de que ya sea demasiado tarde para un ruego. La costumbre ahoga las palabras y alarga el desencuentro. Ah, tantas cosas quedarán ocultas, perdidas, sin recuerdo, tantas palabras que no fueron dichas, tantos gestos. Unos dirán: Yo sé, la he conocido, fue una ardiente rebelde, se desolló las manos y la vida por defender los que creyó más débiles. Otros dirán: Yo sé, la he conocido, era dura, malévola, avara de ternura, con la boca mostraba su desprecio. Alguien dirá: Y cómo sonreía... Qué importa lo que vendrá después del gran silencio. Claro que tengo miedo. Así, en la madrugada mientras algún dolor -un dolor, siempre- va hincando sus agujas en mi cuerpo, abro las manos en la sombra dulce para atrapar mi soledad, de nuevo, y me quedo a su lado, sin moverme, con los ojos abiertos la vida detenida. Toda mi sangre es un temor inmenso.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Este sabor de lágrimas', Julia Prilutzky aborda la soledad no como una circunstancia pasajera, sino como una ontología constitutiva del ser. El poema se estructura como un monólogo confesional que brota desde el silencio de la madrugada, momento en el que la autoconsciencia se agudiza ante el dolor físico y la finitud. La autora articula una dialéctica entre el amor, percibido como un huésped efímero, y la soledad, entendida como el único compañero perenne y 'inconmovible'. La angustia existencial del poema no nace solo de la melancolía, sino del terror ante la inminencia del silencio definitivo y la imposibilidad de que el lenguaje capture la totalidad de la experiencia vivida. Prilutzky logra un ejercicio de introspección descarnada al explorar la fragmentación del 'yo' frente a la mirada ajena; la multiplicidad de juicios póstumos que los otros proyectarán sobre su figura subraya la distancia insalvable entre la esencia íntima y la representación social. El poema culmina en una aceptación estoica y casi paralizante de la existencia, donde el miedo se transmuta en una vigilancia perpetua hacia la propia vida detenida. Es una pieza de una honestidad brutal que resuena con la tradición existencialista, donde el dolor es el recordatorio físico de que el sujeto es, ante todo, una unidad aislada frente al misterio del tiempo y la muerte.

🏛️Contexto Histórico

Julia Prilutzky (1912-1996) fue una poeta ucraniana radicada en Argentina, figura prominente de la literatura hispana del siglo XX. Su obra refleja la sensibilidad de una generación marcada por las crisis de identidad del entreguerras y el exilio. Sus textos exploran la condición femenina y la introspección subjetiva en una época donde la voz lírica comenzaba a desprenderse de las formas modernistas tradicionales para abrazar un estilo más directo, confesional y existencial, característico de su prolífica producción durante las décadas centrales del siglo.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea recursos estilísticos que refuerzan su atmósfera opresiva: destaca la metáfora del corazón como 'vieja campana que dobla', aludiendo al ritmo vital y a la premonición fúnebre. Se observa el uso de la anáfora ('Entonces tengo miedo', 'Entonces, me doy cuenta') para marcar la inmediatez del pánico nocturno. La personificación de la soledad como un 'compañero' dota de sustancia física a una abstracción emocional. En cuanto a la métrica, la autora opta por el verso libre con predominancia de endecasílabos y versos de arte mayor que otorgan un ritmo solemne y pausado, acentuado por la repetición de encabalgamientos que enfatizan la sensación de ahogo y el desencuentro comunicativo que atraviesa todo el texto.

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