La arboleda luctuosa giraba como el mar. Cayó lluvia.
Sobre la calle quedaron unas piedras, chicas, y otras más grandes; eran
muchísimas; parecían pedazos de estrellas.
Brillaban con furia, con desesperación. Creía que se iban a ir como
liebres; y no se iban.
Entré corriendo; pero, todo era distinto. Los roperos abiertos. Los santos
¡sin marco y de pie!
Un pajarillo totalmente azul volaba, siempre, en el mismo lugar, al alcance
de mi mano: no lo pude espantar ni cazar.
Se me cayó la trenza, se me cayó el vestido, cayeron las azucenas y la taza.
Quedé prendida a no sé qué,
y a nada.
La arboleda luctuosa giraba como el mar...
Más poemas de Marosa Di Giorgio
Ver todos (21) →
A la hora en que los robles se cierran dulcemente...
Al asomarme, te vi, rocío, y recordé el país de antes...
Al mediodía, las ásperas magnolias...
Anoche realicé el retorno...
Clavel y tenebrario (fragmentos)
Cuando nací había muchísimos higos...
Empecé a ver casas y casas...
Era la noche de mi casamiento...