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No sé de dónde...

No sé de dónde lo había sacado mi padre ?él no salía nunca?; tal vez, desde el linde mismo del campo; allí estaba, el nuevo cuidador de las papas. Le miré la cara color tierra, llena de brotes, de pimpollos, la casaca color tierra, las manos extrañamente blancas y húmedas, que tentaban a cortarlas en rodajas y a freírlas. Pero, el abuelo no dijo nada y mi madre, tampoco. Sólo los perros adivinos empezaron a dar saltos y a gruñir y hubo que echarlos al jardín y ponerles cerrojo. Él se marchó, escopeta al hombro, hacia el gran cantero; allí quedaría bajo la luna, apuntando a los posibles ladrones, a las zorras que bajaran del bosque, y, sobre todo, a las liebrecitas roedoras. Pero, cuando cayó toda la sombra, mi raro corazón ya caminaba a saltos, manejando una sangre ya confusa, fui a ver a mi madre; ella estaba apoyada en la ventana, su recto perfil mirando hacia las sombras; no me atrevía a decirle nada. Volví a mi alcoba, cerré las puertas; los astros, con su plumaje de colores empezaron a volar de este a oeste, de un mundo a otro; me levanté, crucé el jardín, los perros gruñeron, no tenía miedo, había tal resplandor, además, conocía todos los escondites, los subterfugios, hubiera podido desaparecer bajo la tierra. Lo terrible fue que él me estuvo apuntando desde el principio. Cuando mordí la primera ramita, disparó, caí, me dio por muerta. Durante toda la noche, aunque soñé cosas increíbles, mis ojos permanecieron abiertos y mis largas orejas se mantenían atentas; sólo mis cuatro patitas entrechocaban temblando. Al alba él me tomó, me alzó, la sangre rodó por mis flancos. Caminaba hacia la casa; ya, allá, había un rumor confuso, alguien estaría levantado, ya en la cocina; tal vez, los abuelos. El entró ?mis ojos se nublaron terriblemente?, me arrojó allí; dijo: ?Noche tranquila. Una sola liebre.

📖Reseña y Análisis Literario

Este texto de Marosa di Giorgio, aunque se presenta bajo una apariencia narrativa, posee una carga lírica innegable que lo inscribe en su singular universo onírico. El poema explora la metamorfosis, la otredad y la irrupción de lo fantástico en lo cotidiano. La transición de la voz lírica de ser un observador a convertirse en la propia liebre perseguida simboliza la vulnerabilidad frente a una autoridad masculina, representada por el cuidador. La atmósfera está impregnada de un extrañamiento gótico donde la naturaleza no es bucólica, sino una amenaza latente. El sentimiento central es el terror ante lo inevitable y la deshumanización que culmina en la cosificación del sujeto lírico, reducido a un trofeo de caza al amanecer. La maestría de Di Giorgio radica en su capacidad para suspender la lógica racional, permitiendo que el deseo de transformación o el miedo a la muerte operen bajo leyes mágicas. Es, en esencia, una meditación sobre el ciclo de la vida, la mirada vigilante de los adultos y la indefensión de la infancia ante un mundo donde el peligro acecha en cada rincón del jardín familiar, transmutando lo doméstico en un escenario de sacrificio ritual donde la identidad se desdibuja y se entrega al destino.

🏛️Contexto Histórico

Marosa di Giorgio fue una poeta uruguaya cuya obra se desvinculó de las corrientes generacionales de su tiempo, como la Generación del 45, para construir una mitología propia. Su escritura se nutre de la memoria rural de Salto y de una imaginería surrealista, fuertemente influenciada por la narrativa fantástica y el clima de introspección que caracterizó a gran parte de la literatura hispanoamericana de mediados del siglo XX, alejándose de los compromisos políticos directos para centrarse en una subjetividad onírica y simbólica.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una prosa poética rica en figuras retóricas. Destaca la metáfora zoomórfica al final, donde el sujeto lírico se identifica con la liebre ('mis cuatro patitas entrechocaban'). La sinestesia y las imágenes sensoriales ('cara color tierra', 'astros con plumaje de colores') dotan al texto de una plasticidad casi pictórica. El uso de la hipérbole refuerza el tono de pesadilla. No sigue una métrica estricta, sino que se organiza en torno a un ritmo interno cadencioso, propio del realismo mágico, donde la puntuación y las pausas están calculadas para generar tensión dramática y una atmósfera de suspenso constante.

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