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La gacela

Que la muerte a la mano esté solícita y dispuesta a guiar esta sombra que persigue el amor negado y prometido sea promesa de la muerte. Ay rememoración de un imposible origen, más allá, lo que rompe el espejo del corazón que alumbra el claro de la razón y nos refleja en los ojos luminosos del felino. No es posible saber si dormidos estamos o soñamos el sueño de la vida que ancla en la muerte sus pasajeros pétalos. Bello sería que nuestro propio espectro asistiera a la imposible boda del cuerpo del cielo, con el agua y el sol que penetra pantanos. Mientras tanto rememorar lo que se aleja más de la memoria, lo que nunca a sido o estado presente, la no presencia de ojos y bocas donde duermen todos los presentes, y se suspenden todas las vigilias, la ingle donde el más cálido aliento se congela y que la muerte guarda para sí. Mientras reposo mis ojos en el imaginario lecho de turba y de silicio, sin esperar ya el sueño de asistir a mi muerte, recuerdo el rubor de tus mejillas pasmándose en mis cantos. Poema inédito proporcionado por el autor