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La ira de Dios

Si el corazón como un durazno seco y sin vitales sabias, y el verano, como un buitre que sin cesar golpea las puertas del destino para recordarnos, que sólo sombras errantes somos, recuerdos de un pasado aferrado a la pequeña inmortalidad del deseo (ser no es querer perseverar en su ser Spinoza, no), sino desaparecer, trasponiendo umbrales, ir más allá, del otro lado, porqué siempre existe lo abierto y el vuelo de lo abierto -lo sabe el pájaro, si, lo sabe-, y el deseo jugando en ese espacio, también abierto de otra memoria más profunda que esta. ¡Ay Thanatos! Si Eros quiere profundidad aún en tus pasadizos y sombras, por lo que preferimos pasar, y contemplar admirados a la doncella de rizos de oro, sonriendo bajo las aguas y los saucos, ofreciéndonos el cáliz del olvido, abriéndonos las puertas a los cielos más leves y a los aires más puros, mientras dos ángeles nos sostienen junto al abismo que ya no abismo sino caer levísimos hacia arriba, mientras los dioses nos sonríen, a través de la pequeñísima 'inmortalidad' del deseo donde se disgrega el ser y el tiempo deja caer sus dardos sobre nuestras almas.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'La ira de Dios', Oscar Portela articula una meditación metafísica de gran calado, donde la angustia existencial y la sed de trascendencia se entrelazan mediante una reflexión sobre la ontología. El poeta contrapone la finitud humana —simbolizada en la imagen del 'durazno seco'— con la aspiración de disolución en lo absoluto. La pieza dialoga directamente con la filosofía de Baruch Spinoza y la noción heideggeriana de 'lo abierto', transformando el concepto de deseo no como una mera pulsión de persistencia, sino como un mecanismo de desvanecimiento hacia un estado superior. La tensión entre Eros y Thanatos, lejos de presentarse como un conflicto puramente trágico, se resuelve en una visión estética donde la muerte se transmuta en una ascensión o 'caída hacia arriba'. La voz lírica evoca imágenes de una mitología personal que oscila entre la melancolía del tiempo que 'deja caer sus dardos' y una serenidad mística, sugiriendo que la única inmortalidad posible reside en la disgregación del ser frente a lo divino. El poema es una invitación a trascender la inmanencia, buscando en la profundidad del olvido y la pureza del aire una respuesta a la condición humana, logrando que el lector experimente la ligereza de una existencia liberada de sus ataduras temporales.

🏛️Contexto Histórico

Oscar Portela, poeta y ensayista argentino nacido en 1947, desarrolla su obra en un marco de pensamiento contemporáneo marcado por el existencialismo y la metafísica post-moderna. Esta pieza refleja la madurez de una trayectoria centrada en el estudio del ser y el lenguaje, nutriéndose de la tradición clásica grecolatina y de la filosofía centroeuropea, alejándose de las modas coloquialistas para inscribirse en una lírica de aspiración universal y filosófica.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se estructura en verso libre, privilegiando el ritmo interno sobre la métrica silábica tradicional. Entre las figuras destacan: la metáfora ('el corazón como un durazno seco', 'el verano como un buitre'), que enfatiza la decadencia física; la alusión filosófica, al citar a Spinoza para contrastar visiones sobre el deseo; y la oxímoron ('caer levísimos hacia arriba'), que sintetiza la paradoja trascendental. Asimismo, emplea la personificación del tiempo, visto como un verdugo que lanza 'dardos', dotando a la abstracción temporal de una agresividad física palpable.

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