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Niño solar

Que burla señor, que has puesto en mi boca preces y bendiciones, y en mi cintura el fuego de los dioses que dominó la muerte, ahora que solo clamo por ti, noche, por tu desasimiento, yo , como exiliado, condenado, solo en la noche libre, odiando toda luz, odiando toda belleza, señor que burla, que burla , el largo camino que conduce del sueño del niño solar, a éste que ahora su cuerpo baña con las cenizas del recuerdo, - porque nadie puede saltar sobre su sobre su sombra, ni coincidir con ella, cuando el mediodía se retrasa-, - Oh señor- , y en mi solo crece el desierto, el olvido que no puede olvidar el olvido que lo revela todo-, las pequeñas muertes, los pequeños duelos, abiertos en las confesiones de las encenizadas lagrimas, - las que lloro por mi -, y por aquella belleza que no engendró mi corazón aquí, en ésta soledad a la que me condenaste, al igual que Timón, Calibos, Catilina. Ahora que solo contemplo la palidez creciente del crepúsculo-, el egoísmo de los corazones, la fatal llaga de lo trivial que se expande sobre todo-, como un viento demente, yo sin el sueño que da reparo y da la muerte soñada muerte, cuando él me llamaba, - sígueme, entra al oscuro bosque- , y lo veía disolverse, del mismo modo en que ahora mi vacía mirada, solo ve muros y la sal del desierto que crece, Oh señor, que me niegas el rayo de la locura, la mirífica muerte, y solo cenizas dejas en mi boca, harapos en el cuerpo del niño que desafiaba al sol en su carrera, hasta perderse con el en su viaje hacia la noche yo que ahora soy noche, yo señor, que al viento y al sol me había prometido, yo, un corazón con demasiadas preguntas, abandonado como Abraham en el desierto, como Job, rascándose sus pústulas, en soledad señor, tu y yo, acaso solo melodías de una partitura que jamás será escrita sobre ninguna lápida. Poema inédito proporcionado por el autor

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Niño solar', Oscar Portela despliega una elegía de tintes existencialistas que articula la desolación del sujeto lírico frente a un dios silente o indiferente. El poema funciona como una bitácora de la alienación, donde el tránsito desde la vitalidad luminosa de la infancia —el 'niño solar'— hacia la aridez del presente se convierte en el eje central de la obra. El hablante lírico se construye como un ser escindido que, tras haber desafiado al orden establecido, se encuentra varado en una soledad existencial comparada con figuras arquetípicas del desamparo como Job o Abraham. La atmósfera está impregnada de un pesimismo ontológico, donde la memoria actúa no como un bálsamo, sino como ceniza que enturbia la percepción de la belleza. La estructura emocional fluctúa entre la protesta airada contra la finitud y la resignación ante la trivialidad humana. La voz poética anhela una disolución final, un retorno al 'oscuro bosque' que promete el olvido ante la inoperancia de sus propias preguntas. Es, en última instancia, un canto a la disonancia del hombre contemporáneo, un individuo que, tras haber intentado tocar la trascendencia, se descubre solo ante la vastedad de su propia sombra, incapaz de reconciliarse con el destino trazado por una divinidad que prefiere el silencio a la redención.

🏛️Contexto Histórico

Oscar Portela, poeta argentino de trayectoria contemporánea, se inscribe en una corriente que dialoga profundamente con el existencialismo y la tradición metafísica. El poema refleja la crisis del sujeto moderno ante el vacío espiritual y la deshumanización. Aunque inédito en este formato, la obra bebe de la tradición del 'poeta maldito' y de las interrogantes propias de la posmodernidad, donde el autor busca una conexión mística en un mundo despojado de trascendencia, emulando la angustia de los grandes personajes de la tragedia clásica y bíblica.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se caracteriza por un verso libre, de aliento largo y prosódico, que permite la digresión reflexiva. Entre los recursos destacados encontramos la alusión mitológica y bíblica (Timón, Calibos, Catilina, Job, Abraham), que dota al texto de una pátina de historicidad universal. Predominan metáforas potentes como 'el fuego de los dioses' (la ambición o el genio) y 'las cenizas del recuerdo' (la decadencia del pasado). Se observa una recurrencia a la anáfora ('que burla', 'yo'), que enfatiza la obsesión del sujeto, y el uso del encabalgamiento, que acelera el ritmo y refuerza la angustia del desasosiego. La antítesis entre la luz solar de la infancia y la oscuridad actual actúa como eje estructural de la contradicción vital del autor.

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