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Magdalena

No me hables. No me hables porque las palabras, asesinas, callan las emociones. Palabras verdugos, testigos de la muerte del tiempo, palabras que nos echan en cara nuestro límite de criaturas mortales. Hastío de las palabras, sonidos ridículos que tartamudeo para decirte lo que siento que no tiene forma y no se puede escribir sino con fría espuma de ola sobre arena caliente de sol, y no se puede escribir sino con mi boca lamiendo tu piel y no se puede escribir sino con lluvia que cae sobre nuestro patio, el patio que conoció tus besos y mi cuello. Palabras inútiles, escritas en libros amarillentos, hojas manchadas por un lapicero seco y sin tinta ya, ideas pintadas en el aire por algún pintor que, gracias a Dios, olvidó el alfabeto. Palabras frustrantes que se gastan como cigarrillos y el humo escribe en el aire tu ausencia y la falta que le haces a mis ojos que extrañan tu sonrisa, a mis brazos que extrañan tu calor, a mis piernas que extrañan tus manos, a mi alma que extraña tu infierno, el infierno que me inyectaste y que llevo dentro por la maldición de haberte amado. Al encontrarte mis estigmas empezaron a sangrar. Mis pasos escriben chorreando tu nombre en el camino. ¿Logrará el viento borrar la sangre seca de mi historia? ¿Podrán estas palabras vacías devolverme el icono de nuestro mutuo martirio o será el silencio la cruz que merezco y que asumo como mi única maleta en este viaje entre la maldita culpa del sacrificio? Y sin embargo estas siguen siendo palabras que no son gritos y no son canto y que no te comunican las espinas que siento, clavadas en mis sienes, clavadas en mis sueños, hartos ya de la pesadilla de tu traición, la misma traición pura de las palabras que no sirven no sirven no sirven porque no hay milagro sino caricias guardadas por demasiado tiempo en una mano que se hizo puño, no hay milagro sino heridas entreabiertas en el costado que ya no sangran bajo el suplicio de tu olvido, no hay milagro sino pies sucios del largo camino que llevo, y que tendrás que limpiarme con tu pelo, Magdalena. De La carne del tiempo, Editorial Artificios, Bogotá, 2002

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Magdalena', Silvia Favaretto despliega una lírica de la insuficiencia, donde la palabra se revela como un instrumento inoperante ante la inmensidad de la experiencia emocional. El poema transita desde un escepticismo inicial hacia el lenguaje —calificado de 'asesino' y 'verdugo'— hasta una entrega existencialista al dolor del desamor y la traición. La voz lírica, cargada de una fatiga existencial, contrapone la abstracción del verbo con la inmediatez de la materia y el cuerpo: la piel, el patio, el sudor, la arena y, finalmente, la herida. La autora invoca la figura bíblica de María Magdalena no solo como una alusión a la redención o el martirio, sino como un arquetipo de la mujer que, desde la abyección y la entrega, busca purificarse en un camino de sufrimiento. El poema articula una contradicción irresoluble: la poeta maldice la palabra mientras se ve obligada a utilizarla para construir un monumento a su propia desolación. La emotividad, cruda y despojada de artificios innecesarios, oscila entre la nostalgia de un calor perdido y la condena de una culpa inyectada por el amante. Es una pieza de una intensidad visceral que cuestiona la capacidad del lenguaje para capturar la trascendencia del vínculo humano, dejando al lector ante el silencio como única respuesta posible tras el suplicio de haber amado.

🏛️Contexto Histórico

El poema pertenece al poemario 'La carne del tiempo' (2002), una obra publicada en Bogotá que se inscribe en la sensibilidad poética latinoamericana de principios del siglo XXI. En este periodo, la literatura contemporánea tendió a la introspección subjetiva y al rechazo de las formas tradicionales, enfocándose en la corporalidad y la angustia existencial. La obra de Favaretto dialoga con la tradición mística española, rescatando la simbología religiosa —estigmas, espinas, el costado, el perdón— para secularizarla y trasladarla al ámbito de las relaciones afectivas contemporáneas, marcadas por la fragilidad y el desengaño.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se caracteriza por un verso libre, carente de rima consonante, que busca el ritmo en la cadencia interna y el encabalgamiento. Entre las figuras empleadas destacan: la metáfora ('palabras, asesinas', 'mi alma que extraña tu infierno'), que otorga una carga violenta al lenguaje; la sinestesia y la aliteración que enfatizan el dolor físico; y la enumeración caótica al final del poema, que refuerza la sensación de desorden emocional. El recurso más potente es la antítesis entre la fugacidad de la palabra y la permanencia de la herida física. La mención final a María Magdalena funciona como una metonimia de la devoción y el sacrificio, cerrando el texto con una referencia intertextual que eleva el sufrimiento personal a una dimensión mítica y universal.

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