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Evocación para entrar en los ojos de Emma Bovary

Toda evocación es posible de relatar, si se tiene en cuenta el poder subversivo de la mente -cuando no era posible hurgar en tus ojos- Y llenar de cachivaches o de materias futuristas La casa que nos queda Las habitaciones de hotel que llenábamos con las primaveras descalzas de Europa Con un antiguo vaticinio de mago escanciando los dolores pasados en caldera Y no era posible sobrevivir a tanta catástrofe, a tanta hecatombe A tanto olor de cementerio agriándose en el colmo De esperar las provisiones a caballo, Ese condado que habitamos antes de nacer o desde siempre Corriendo entre los espantapájaros y las espigas de avena Mientras nos observaba desde la ventana los ojos inobjetables de Madame Bovary Y desde algún lugar del campo, su esposo nos carraspeaba ?cuidado con los sembrados Que ya pronto viene la cosecha? Y yo sólo quería acercarme a aquellos ojos de Emma y cosechar esa miel silvestre Que destila de sus cuencas, como un licor de rododentro Tan hermoso y tan fatídico para las aguas poderosas del alma; Que nos unge con láudano la herida, Cuando horadábamos hacia delante sin medir el desahucio del deseo, La pisada del musgo en la tierra extranjera La luz podrida que se reflejaba en mi oscuridad Y yo portando la bombilla de las acusaciones La viña de las eras que era un diapasón a otra eternidad Que se repite en nuestras lágrimas, Estando a ciegas con los biógrafos o con los periodistas Que te succionan la tesis de la sobrevivencia hasta el cansancio, Llenando el vaso ultraísta Hasta llegar a la última estocada de tu himno en el cuerpo, A ese langor de cruzada Que penetra en la armadura, En el casco surreal y ante el sopor de la moneda entre la nieve; Una ofrenda forestal se erguirá por tus cabellos. Nos despediremos cantando Y los deseos quedarán terriblemente absueltos.